Con gusto te doy la bienvenida a este espacio digital en el que

ofrezco una parte de mi trayectoria profesional.

Espero que te sea interesante y útil.

¡Me encantará que invites a quien tú quieras a visitarme!

La Giganta de las Estrellas

es un ser -medio ángel medio hada- que mantiene este hilo de amor cuando hay que acompañar nuestras criaturas ante la separación de los progenitores o de cualquier otra ausencia larga (por dolencia o viaje, por ejemplo) de una persona estimada. Una persona que a pesar de la distancia, nos piensa, nos cuida, nos tiene en el corazón.

Mensajera de los besos, las carantoñas, la ternura y la estimación, la Giganta -a través de la magia, la escucha de las emociones y el acercamiento al espíritu- propicia la elaboración y recreación de un espacio interior donde, despacio, se despliegue la creatividad y encontramos nuevas formas de relacionarnos.

 

Escrito por Núria Beitia Hernández  e ilustrado por Teresa Montsech Vilaseca

Pídelo en tu librería favorita o cómpralo en Pol·len Edicions

La Geganta de les Estrelles 

és un ésser —mig àngel mig fada— que manté un fil d’amor quan cal acompanyar les nostres criatures davant de la separació dels progenitors o de qualsevol altra absència llarga (per malaltia o viatge, per exemple) d’una persona estimada. Una persona que malgrat la distància, ens pensa, ens cuida, ens té al cor. Trobar a faltar, sentir l’absència són pessigades que notem quan la persona que estimem no hi és o quan tenim por que la seva absència esdevingui abandó.
Missatgera dels petons, les moixaines, la tendresa i l’estimació, la Geganta —a través de la màgia, l’escolta de les emocions i l’apropament a l’esperit— propicia l’elaboració i recreació d’un espai interior on, a poc a poc, es desplegui la creativitat i trobem noves formes de relacionar-nos.

Escrit per Núria Beitia Hernández  il·lustrat per Teresa Montsech Vilaseca

Demane’l a la teva llibreria favorita o compra’l a Pol·len Edicions

Rana, Granada, Estrella... Tres símbolos...
Desde que tengo memoria que me gustan los símbolos.

Están en los mitos, en las historias, en los cuentos… Aparecen en los sueños. Si nos fijamos bien se asoman en las canciones tradicionales y se esconden en lugares inverosímiles: en los picaportes de las puertas antiguas, en las barandas enrejadas…

Me gustan los símbolos porque en una palabra o en una imagen se puede esconder toda una reserva de sentido preciosa… y es una aventura intentar y/o conseguir descubrir qué esconden y qué muestran.

Presento este espacio web con algunos de mis símbolos favoritos: una rana, una granada y una estrella de cinco puntas (recreados por la ilustradora Nuria Monchón).

Me gustan muchísimo las ranas, todos los anfibios son «mágicos» pero me encantan, especialmente, las ranas. Un precioso animal absolutamente sabio desde su ser más orgánico. No me interesaban aquellos cuentos en los que un príncipe lo volvía a ser después de haber pasado por la etapa de sapo y a partir del beso de una princesa. Esa parte de la historia no es nada interesante, lo que de verdad me parece interesante,  lo que es todo un curro de transformación, es la vida de un anfibio: pasar de huevo -huevecillo- a renacuajo y de cabezudo transformarse en esa criatura «binaria» que ya tiene ancas pero todavía conserva la cola para, al fin, ser una rana. Animal metamórfico que señala, también, la necesaria capacidad de adaptarnos a diferentes espacios y medios.

La rana que os presento conserva,  como en el símbolo del Yin y del Yang, todo lo que ha sido anteriormente: huevo y renacuajo. Porque somos lo que fuimos enriquecidos de horizonte, porque vivir es un devenir continuo y el presente contiene el futuro y en el pasado reside el devenir. Y yo he escogido ser psicóloga porque la capacidad de transformación es un regalo del estar viva, del estar vivo. Es un regalo la posibilidad de seguir creciendo, momento a momento, a lo largo de toda nuestra existencia.

Una estrella de cinco puntas es una estrella de las del mar, es una estrella de las del cielo, es el corazón de una manzana (fruto del árbol del saber del bien y del mal)… La estrella como símbolo profundo de autoconocimiento, de autodescubrimiento, de exploración de las profundidades del ser… que también nos recuerda la forma corporal humana con sus 5 lugares de proyección: la cabeza, los dos brazos y las dos piernas como las dibujó preciosamente Leonardo da Vinci y, antes que él, Hildegarda de Bingen, una mujer «completa» que quiso investigar y descubrir en todos los aspectos del conocimiento y que le fue predecesora unos cuantos siglos antes.

Símbolo del ser cuerpo, del ser humano encarnado con chispa de lo divino… símbolo del cielo y la tierra, de lo grande y lo pequeño, de lo humano y lo divino.

Y, como tercer símbolo, la granada, fruto precioso, precioso, que aparece en la historia de una diosa grecorromana especial: Perséfone, la «diosa hija» hija de la «diosa madre»: Deméter. Perséfone, diosa del inframundo -el mundo situado debajo del mundo- comió unos granitos de granada, fruto especial cargadito de pequeños granos, de color bellísimo, cada uno lleno, llenísimo de, como lo diría, pequeñas y sólidas gotas que llenan la boca de dulzura cuando las muerdes. La granada como símbolo de la fecundidad femenina, símbolo del útero, ese lugar situado en las entrañas del cuerpo de mujer. Lugar, sitio en el que hay «sitio», en el que es posible el acoger. La granada que os presento está tan y tan llenita de vida que revienta en forma de luna… otro símbolo de la feminidad, de la experiencia de ser mujer. Ser mujer no es una identidad, ni un destino biológico ni un rol. Ser mujer es una forma de estar en el mundo, una forma con infinitas posibilidades. Ser mujer es reconocerme en toda la libertad de ser algo que yo no he escogido sino que me ha sido dado. Presentarme al mundo y encontrar mi lugar en él  desde mi ser cuerpo, desde mi estar habitando un cuerpo en femenino. «Soy cuerpo», cuerpo encarnado, porque yo no tengo un cuerpo sino que soy un cuerpo. Considerar que tenemos un cuerpo significa una manera occidental de tratarnos mal, una manera poco respetuosa ya que considerar que el cuerpo nos pertenece nos lleva a creer que podemos hacer lo que queramos… y no, eso no hay cuerpo que lo aguante. Somos cuerpo, somos seres encarnados, espíritus que escogieron llegar a ser esta experiencia terrícola o terrestre que incluye el frío y el calor, la ternura y las puestas de sol, los besos con lengua y el sabor de la sandía… en definitiva el regalo de estar vivo, de estar viva.

 

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